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Agricultura de precisión, la clave de nuestro futuro

Según un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) publicado en 2015, en el año 2050 la población mundial habrá superado los 9.000 millones de habitantes, 6.000 millones más que hace cincuenta años. Este es el gran desafío al que se enfrenta la agricultura en el siglo XXI: alimentar a una población en constante crecimiento haciendo uso de unos recursos cada vez más escasos.

El impacto de las últimas sequías y la progresiva reducción de la tierra cultivable nos demuestran que los recursos naturales no son suficientes para garantizar el futuro de la agricultura. Pero por suerte, contamos con otro recurso que está en constante desarrollo y que nos va a permitir hacer frente a estos cambios: la tecnología. Impulsar el uso de esta para la mejora de la productividad en la agricultura es uno de los objetivos que se ha propuesto la Política Agraria Común (PAC) hasta el 2020.

Si las nuevas tecnologías están ayudando a crear ciudades inteligentes, su aplicación a nuestros cultivos está dando lugar a una agricultura inteligente, que incrementa la producción al tiempo que reduce los recursos necesarios y sus costes. Se trata de una verdadera revolución tecnológica en este campo, la última desde la mecanización, que tiene nombre propio: agricultura de precisión.  

La agricultura de precisión utiliza las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para permitirnos un control milimétrico sobre la gestión de nuestros cultivos. Así, el agricultor del siglo XXI ya no depende tan solo de su experiencia y sus conocimientos: ahora tiene a su disposición herramientas que analizan las distintas variables agronómicas que afectan a sus tierras y le ayudan a tomar decisiones para maximizar su rendimiento.

¿Qué sucede, entonces, cuando el big data, la robotización y la inteligencia artificial llegan a nuestros campos? Drones y sensores se encargan de “mapear” el terreno, recopilando una gran cantidad de datos relevantes: desde los niveles de humedad del suelo hasta la temperatura, pasando por el estado de salud de las plantaciones. Estos datos son analizados en tiempo real en la “nube”, donde, a través de cálculos matemáticos, el sistema determina de manera precisa las necesidades específicas de fumigación, nutrición e irrigación de los cultivos. Por último, esta información se traduce en instrucciones que una maquinaria agrícola autoguiada se encargará de llevar a cabo.

Es así como las nuevas tecnologías nos permiten sacar el máximo partido a cada hectárea de terreno, aumentando nuestra producción al tiempo que gestionamos eficazmente el consumo de agua, energía y pesticidas. Si, como decíamos al principio, la clave de nuestro futuro está en ser capaces de producir más alimentos con menos recursos, podemos afirmar que la agricultura de precisión es el camino hacia un modelo agrícola sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Miquel Galvarriato, Presidente de ASG.

Publicado en Diario Expansión 30/01/18

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Según un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) publicado en 2015, en el año 2050 la población mundial habrá superado los 9.000 millones de habitantes, 6.000 millones más que hace cincuenta años. Este es el gran desafío al que se enfrenta la agricultura en el siglo XXI: alimentar a una población en constante crecimiento haciendo uso de unos recursos cada vez más escasos.

El impacto de las últimas sequías y la progresiva reducción de la tierra cultivable nos demuestran que los recursos naturales no son suficientes para garantizar el futuro de la agricultura. Pero por suerte, contamos con otro recurso que está en constante desarrollo y que nos va a permitir hacer frente a estos cambios: la tecnología. Impulsar el uso de esta para la mejora de la productividad en la agricultura es uno de los objetivos que se ha propuesto la Política Agraria Común (PAC) hasta el 2020.

Si las nuevas tecnologías están ayudando a crear ciudades inteligentes, su aplicación a nuestros cultivos está dando lugar a una agricultura inteligente, que incrementa la producción al tiempo que reduce los recursos necesarios y sus costes. Se trata de una verdadera revolución tecnológica en este campo, la última desde la mecanización, que tiene nombre propio: agricultura de precisión.  

La agricultura de precisión utiliza las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para permitirnos un control milimétrico sobre la gestión de nuestros cultivos. Así, el agricultor del siglo XXI ya no depende tan solo de su experiencia y sus conocimientos: ahora tiene a su disposición herramientas que analizan las distintas variables agronómicas que afectan a sus tierras y le ayudan a tomar decisiones para maximizar su rendimiento.

¿Qué sucede, entonces, cuando el big data, la robotización y la inteligencia artificial llegan a nuestros campos? Drones y sensores se encargan de “mapear” el terreno, recopilando una gran cantidad de datos relevantes: desde los niveles de humedad del suelo hasta la temperatura, pasando por el estado de salud de las plantaciones. Estos datos son analizados en tiempo real en la “nube”, donde, a través de cálculos matemáticos, el sistema determina de manera precisa las necesidades específicas de fumigación, nutrición e irrigación de los cultivos. Por último, esta información se traduce en instrucciones que una maquinaria agrícola autoguiada se encargará de llevar a cabo.

Es así como las nuevas tecnologías nos permiten sacar el máximo partido a cada hectárea de terreno, aumentando nuestra producción al tiempo que gestionamos eficazmente el consumo de agua, energía y pesticidas. Si, como decíamos al principio, la clave de nuestro futuro está en ser capaces de producir más alimentos con menos recursos, podemos afirmar que la agricultura de precisión es el camino hacia un modelo agrícola sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Miquel Galvarriato, Presidente de ASG.

Publicado en Diario Expansión 30/01/18

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Agricultura